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Sencillo pero no fácil

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Que el escritor francés André Malraux haya dicho « El siglo XXI será espiritual o no será », o que lo haya dicho otra persona,… o nadie, no es tanto lo que importa. Lo que importa es que esta frase haya quedado en las memorias y forme ahora parte de nuestro acervo colectivo. Lo cual  no es casual, por cierto, al ser, sin duda alguna, el fruto de una gran intuición. 

Es tanto el sufrimiento en el mundo, hay tantas catástrofes, tantas amenazas de extinción globales, el ser humano está tan alienado y tan preso de una sociedad enferma fabricada por su propia inconsciencia, que la única manera de salvarse es entender qué somos realmente. 

La verdadera espiritualidad no es más que esto. Es una función natural del ser humano -según Jung- que nos lleva a desear conectarnos con algo que trascienda a aquello que crea el sufrimiento individual y colectivo, a saber el ego y sus mecanismos.

¿Qué es ese « algo »? Podemos llamarlo « consciencia », « esencia», « alma, « ser esencial », « partícula divina »…Todos estos términos designan lo mismo: ese lugar en nosotros, inmutable, silencioso, benevolente, que compartimos con cada uno de los demás seres humanos, aunque a veces parezca estar muy oculto, como ocurre con un diamante recubierto de carbón. Lo cierto es que cada uno de nosotros tiene dentro suyo un núcleo sano, como lo han comprendido las terapias humanistas de la segunda mitad del siglo XX (Gestalt, Hipnosis ericksoniana, PNL…). La Psicología contemplativa usa el término de « salud intrínseca ». En la meditación, intermitentemente, alcanzamos ese lugar. Para conectarnos con él la puerta es el momento presente. La manera de acceder a él no es sólo sentarse para meditar, aunque, desde luego, esto sea muy útil. La puerta del momento presente se abre también con la atención plena hacia nuestro cuerpo y sus sensaciones. Teóricamente se trata de algo muy al alcance de la mano y muy sencillo en el fondo, que podemos practicar de manera constante, en nuestras actividades cotidianas,  pero de lo que la mente y el ego no dejan de desviarnos con su desfile de pensamientos. Y a menudo ese desvío está tan anclado en nuestra manera de vivir, que hemos perdido los caminos par « volver al cuerpo ». De allí que, en este caso (más que en ningún otro), « sencillo » no sea sinónimo de « fácil ». Se necesita un esfuerzo, o al menos una iniciativa que permita conectar con esa dimensión olvidada y esencial. Por lo general resulta más difícil hacerlo sol@, y por eso es bueno recurrir a ciertas prácticas colectivas que la cultiven (meditación, danzas meditativas, yoga sin búsqueda de performance, Qi gong, Tai chi, sofrología, etc) o, eventualmente, a un terapeuta psico corporal avezado en prácticas contemplativas.

En todo caso, esta iniciativa, este esfuerzo hacia « la espiritualidad », son necesarios e inevitables.  Es nuestra responsabilidad de seres humanos. Responsabilidad y tarea, por lo demás, cada vez más urgente. Para que el siglo XXI sea,… y nosotros con él!

 

 

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