¿Tropezar dos veces con la misma piedra?

El viejo dicho « El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra », encierra, como suele suceder con los proverbios, una profunda sabiduría.

Se trata de una visión más bien pesimista pero que alude a una realidad y es que solemos reaccionar, actuar, pensar y sentir, según patrones similares de condicionamiento, que se repiten una y otra vez. Estos patrones están constituidos por lo que hemos heredado de nuestros antepasados (en sentido amplio), o por lo que hemos absorbido en nuestra infancia a través de la educación.

Son, ni más ni menos, condicionamientos que tienen su correlato en el cerebro en las conexiones neuronales o « sinapsis ». Cuantas más veces reaccionemos con enfado, con desesperación, con indiferencia, etc, ante una situación, más se refuerza la red de conexiones neuronales que nos llevará a reaccionar, pensar, actuar o sentir de la misma manera ante una situación similar. El círculo vicioso me hace pensar en esos senderos que, de tanto andar por ellos, se volvieron caminos, luego carreteras, por fin autopistas.

Como siempre, es interesante cotejar los aportes de las neurociencias con las sabidurías antiguas, en particular las orientales, que desde hace siglos están diciendo lo mismo de otra manera. En el Budismo los « samskaras » son improntas profundas, fruto de vidas pasadas, inscritas en uno de nuestros cuerpos sutiles (el mental). Los samskaras generan creencias, maneras de actuar o de sentir y condicionan la percepción que tenemos de nosotros mismos y de nuestra vida. Una manera de desactivarlos es tomando conciencia de las « historias » que nos contamos y que solemos creernos a pies juntillas (« mi vida es un fracaso », « no se puede confiar en nadie », « no sirvo para nada » etc). Así es como, según el Budismo, los samskaras, no son lo que realmente somos, de ahí que podamos revertir estos procesos haciendo intervernir la conciencia.

Las neurociencias afirman algo parecido al probar que el cerebro es maleable, -« neuroplasticidad » en lenguaje científico. Para empezar, se sabe ahora, que, contrariamente a lo que se creía antes, no tenemos un capital fijo de neuronas que iría menguando a medida que estas mueren definitivamente. Si bien es cierto que millones de neuronas mueren por día, hay también millones de nuevas neuronas que nacen.

Pero tal vez sea la neuroplasticidad la noción más importante. Los neurocientíficos han podido constatar de manera formal que toda experiencia -física, emocional o intelectual- hace surgir o remodelar en nosotros una red neuronal nueva.

Ahora bien, para que las nuevas conexiones neuronales se mantengan es necesario volver a recorrer ese camino varias veces. Es lo propio de cualquier aprendizaje. Este supone una repetición hasta que las nuevas sinapsis se consoliden.

Por lo tanto, debemos tener presente que, para desactivar los viejos caminos neuronales (o samskaras) y reemplazarlos por otros, es necesario una práctica asidua, es necesario un esfuerzo.

Si medito, o practico Sofrología una vez por mes, probablemente no pase gran cosa. Para que empecemos a sentir cambios positivos, debemos abocarnos a una práctica más regular. Como dice Matthieu Ricard, el monje budista francés, se trata de un « entrenamiento del espíritu » lo cual supone que el cerebro es un órgano similar a un músculo, en la medida que exige que se lo haga trabajar con regularidad.

Esto está al alcance de todos y de cada uno de nosotros, sólo hace falta un poco de voluntad.

Y así podremos desmentir el fatalismo del dicho antes citado: no es necesario que tropecemos siempre con la misma piedra.

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