¿Qué es la psicoterapia contemplativa?

Para quien quiera explorar su psiquis hay actualmente decenas de psicoterapias, que han florecido en los últimos cien años. A tal punto que escoger a qué terapia acudir, puede resultarnos un reto dificultoso. Este artículo no tiene como objetivo el presentar una terapia más, porque la Psicología Contemplativa es más que una terapia, es una manera de vivir. Fruto de una síntesis entre psicología y filosofía budistas y psicología occidental, es la consecuencia de la llegada y la propagación en Occidente del Budismo tibetano, a raíz de la invasión del Tibet por los chinos en 1950.

Debemos la Psicología Contemplativa a Chogyam Trungpa, maestro tibetano y uno de los mayores difusores del budismo laico en Occidente. En 1968, Trungpa deja los hábitos, se casa y, en 1970, se instala en los EEUU. Allí funda, en 1974, el Instituto Naropa de Psicología Contemplativa (Colorado), convertido, en 1977, en Universidad. Su enseñanza llega también a Europa, donde se imparte actualmente a través de la formación Karuna. A su manera, Chogyam Trungpa cumple con la vieja profecía tibetana que rezaba: « Cuando vuelen los pájaros de hierro, cuando los caballos de hierro galopen sobre ruedas, el Dharma será expulsado del Tibet, los tibetanos se diseminarán como hormigas sobre la superficie de la tierra y el Dharma llegará al País del hombre rojo » (Citado por Phakyab Rinpoché » en su libro Meditation saved my life)

Desde mediados del siglo XX, las sabidurías orientales, y en particular el Budismo, han tenido un impacto tal en Occidente, que han ido infiltrándose en las mentalidades a través del llamado « New Age » y en los postulados del crecimiento personal, llevando a un número creciente de personas a la comprensión de que, como lo dijera Teilhard de Chardin, « somos seres espirituales haciendo una experiencia humana » y no lo inverso. En estos tiempos de cambio de paradigma, se cuestiona cada vez más, en Occidente, el hecho de que la espiritualidad sea un aspecto separado, aislado de todo el resto, en la experiencia de un ser humano.

El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung es quien más ha contribuido a que la noción de espiritualidad se haya vuelto más amplia, y sobre todo laica, a saber independiente de cualquier dogma religioso. Y fue uno de los primeros en entender que espiritualidad y psicoterapia están íntimamente entrelazadas y se potencian una a la otra. Así, el autoconocimiento, la exploración de la psiquis y de sus heridas (presentes en cada uno de nosotros, querámoslo o no), es un paso previo o simultáneo, pero en todo caso indispensable, para que emerja una espiritualidad auténtica. Del mismo modo, el poder conectarse con la parcela universal que llevamos dentro y que trasciende nuestro ego, nos permite relativizar los sufrimientos que éste nos hace padecer. De ahí que la Psicología contemplativa sea sumamente contemporánea como psicoterapia pues, en su enfoque, incluye intrínsecamente la dimensión o función espiritual del ser humano.

Además, en los últimos años, hemos asistido a una verdadera explosión de las prácticas de conciencia plena (Mindfulness) también procedentes de Oriente. Estos entrenamientos, de 2500 años de antigüedad, han empezado a ser cada vez más reconocidos en Occidente, sobre todo en contextos terapéuticos donde los beneficios han podido ser demostrados por las neurociencias.

El Budismo postula la existencia de la « bondad intrínseca o brillante » en cada ser humano, lo cual se traduce en Psicología contemplativa en el concepto de « salud fundamental o intrínseca » O sea que el planteamiento contemplativo es optimista: apunta a reconocer y desarrollar la capacidad de claridad, de atención y conciencia, de compasión y de autocompasión presentes en cada uno de nosotros. En este sentido, es interesante comprobar nuevamente que comparte esta base con las psicoterapias humanistas que florecen a partir de mediados del siglo XX.

Como el Mindfulness, que procede de la misma fuente budista, la Psicoterapia contemplativa considera que trabajar con las emociones perturbadoras significa aprender a permanecer con ellas en vez de analizarlas mentalmente o de reprimirlas, lo cual evitará que actuemos de manera impulsiva bajo su influencia. Se trata de reconocerlas, de sentirlas y de acogerlas, de « contemplarlas », con benevolencia y curiosidad, como energías que son, para poder soltarlas y sentirnos más vivos.

Observamos en qué parte del cuerpo se manifiesta la emoción, cuál es su consistencia, si es móvil o fija, qué temperatura tiene, qué color, etc. Se la escucha, como a un niño que tiene una pena, en vez de apartarnos de ella, de juzgarla y condenarla, como solemos hacer… En este proceso de atención plena, que exige a menudo un acompañamiento, para evitar que nos invadan pensamientos, la emoción se disuelve y pueden surgir imágenes reveladoras o tomas de conciencia que deshacen para siempre el condicionamiento.

La Psicología Contemplativa, excluye la idea de jerarquía entre paciente y psicoterapeuta. Este último es como un « amigo compasivo » que utiliza la técnica del « intercambio compasivo » : acompaña a su paciente en la exploración de sus emociones y le ayuda a recobrar su « salud intrínseca »; transmite un enfoque de conciencia plena y una aceptación incondicional de todo lo que vaya apareciendo. El psicoterapeuta -o « amigo compasivo »- adopta una actitud de « no saber » que excluye todo juicio y que participa de los cinco elementos del Budismo tibetano. Su escucha es como la Tierra en su capacidad de acogerlo todo, como el Agua, en su capacidad de adaptación, como el Aire en su aptiidud de no apegarse a nada ; es cálida como el Fuego, es abierta como el Espacio. Y sobre todo está profundamente enraizada en el momento presente. Por eso, el terapeuta debe tener una práctica meditativa asidua que le posibilite escuchar con el Ser y no con el ego.

A lo largo de los intercambios, cliente y psicoterapeuta van desarrollando sabiduría y compasión. La sabiduría consiste en entender cómo nos relacionamos con la vida esforzándonos por apartarnos del dolor, lo cual nos crea sufrimiento, así como también en aceptar la naturaleza impermanente de la vida. A medida que esta conciencia crece, crece la capacidad de compasión y de autocompasión, o sea la capacidad de abrir nuestro corazón a nuestro dolor y al de los demás.

Poco a poco, el paciente se va impregnando de la actitud de « no saber » y de conciencia plena y se vuelve capaz de adoptarla naturalmente, no sólo consigo mismo, sino también con los demás: evitará juzgar y se mejorarán sus relaciones interpersonales.

Por ello, la Psicología Contemplativa no es sólo una psicoterapia sino una pedagogía y una manera de vivir.

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