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Por más logros que tengamos en nuestras vidas, la insatisfacción es un sentimiento que todos conocemos. 

Y es lógico, pues la insatisfacción es lo propio del ego, y todos tenemos uno. 

El ego, como hemos dicho en otros artículos, en particular en el anterior, es una herramienta necesaria en nuestra encarnación, pero al mismo tiempo debemos mantenernos vigilantes para que no domine nuestras vidas, porque seremos muy desgraciados.

De allí que sea importante conocer sus mecanismos.

Muy a menudo, cuando las cosas no ocurren como quiséramos, hacemos todo lo posible para cambiarlas, animados como estamos por la creencia de que si las circunstancias fueran diferentes seríamos felices. Si tenemos suerte, y actuamos con habilidad, muy probablemente logremos lo que estábamos buscando, y generar las circunstancias capaces de saisfacernos. Sin embargo, la experiencia nos enseña que por más éxito que hayamos obtenido, el estado de satisfacción no dura. Al cabo de cierto tiempo, volvemos a sentirnos insatisfechos, volvemos a encontrarnos en el punto de partida.

El ego funciona de manera permanente en ese tipo de ciclo. En el peor de los casos, no logramos lo que deseamos y vivimos continuamente en la espera, las ilusiones perdidas, y la insatisfacción.

En el mejor de los casos pasamos de la insatisfacción a la satisfacción, pero esta es efímera. 

Se trata de una ley, ineluctable, de la psiquis humana controlada por el ego.

Basta con ver cómo mucha gente se pasa esperando el fin de semana, para por fin sentirse bien. A veces ocurre, pero, el placer tiene cuerda corta, ya que la semana vuelve a empezar, y tendrán que buscarse uno nuevo el próximo fin de semana. Lo mismo ocurre con las vacaciones, los viajes, la jubilación…a menudo perdemos la vida y el presente, soñando con tener una satisfacción en el futuro.

Esto no significa que no debamos actuar para cambiar las cosas; la acción forma parte constitutiva del ser humano, pues somos intrínsecamente creadores. Pero deberíamos poder actuar sin expectativas, sólo con ánimo de experimentar, y centrados en el momento presente, sin caer en la trampa de la búsqueda de satisfacción.

Lo que deseamos es tener un sentimiento de plenitud. Sólo que no lo obtendremos por medio del ego, que nos susurra permanentemente que todo lo que puede hacernos felices está en el exterior, cuando es exactamente lo inverso. 

El ego, que es un mecanismo vacío, busca también en el exterior una sensación de existencia ya que es incapaz de proporcionar un sentimiento de valor intrínseco. Les otorga a los demás, entonces, el poder de brindar esa aprobación que está buscando, manteniendo la ilusión de que si obtenemos la aprobación de los demás nos sentiremos bien.

Según cuales sean los condicionamientos del pasado, esta búsqueda de aprobación puede manifestarse con la voluntad  de ser el mejor, una persona única, incluso célebre o destacada, en cuyo caso las proezas que pretenda realizar no serán ni para transformarse ni para volverse más flexible, sino para poder compararse muy favorablemente con los demás. La búsqueda de aprobación puede manifestarse también de maneras menos espectaculares, por medio de la manipulación, la seducción, el sometimiento. En este caso el ego parece decir: « Haré cualquier cosa, con tal que me ames y con tal que pueda sentir que existo y que tengo un poco de valor ». Desde luego se trata de una situación muy peligrosa, generadora de mucha cólera interna y frustraciones reprimidas que, tarde o temprano, acaban por explotar.

El hecho es que las dinámicas de búsqueda de aprobación por parte del ego nos llevan ineluctablemente al sufrimiento. Por un lado, vivimos en el estrés y el miedo de no tener éxito, de no ser « perfecto », de que no nos aprueben ni nos amen, y por otro, aun si tenemos éxito, nunca conseguiremos bastantes felicitaciones, logros, amor y reconocimiento como para sentirnos bien. Aunque nos hayan felicitado cien veces en el día, basta con que una sola persona nos haga una ligera crítica para que se nos venga el mundo abajo. Ya sea intentando conseguir logros espectaculares o por medio del sometimiento seductor, nos agotamos corriendo tras una aprobación, luego tras otra, perdiendo totalmente el verdadero sentido de lo que somos. Siempre hace falta más…

Lo mismo ocurre con la búsqueda de amor, nunca recibiremos lo bastante si nos quedamos en el nivel de la personalidad o ego.

El miedo es EL sentimiento del ego, una emoción que nos es muy familiar; envenena nuestras vidas, filtra nuestra percepción de la realidad, nos separa de los demás, nos lleva a tomar decisiones ineficaces o destructoras para nosotros o nuestro entorno…Siempre que vivamos exclusivamente en el ego, el miedo dominará nuestras vidas: miedo de la pérdida o carencia (material, de posición social, de imagen, de amor, de aprobación, de personas etc), miedo de la soledad o de la gente, miedo de vivir, miedo de morir, miedo de hacer el ridiculo, miedo de que no nos acepten o quieran, miedo del Otro… 

Sin embargo, no todo son malas noticias; si aprendemos a conectarnos con nuestro Ser, con el espacio inmutable, seguro y benevolente que todos llevamos dentro, ya no dependeremos del exterior para lograr aprobación, ni el sentido profundo de nuestro valor y accederemos, aunque sea por instantes, al amor incondicional hacia nosotros mismos y hacia los otros seres sensibles. Ya no nos sentiremos separados.

Saber todo lo anterior es útil porque nos da la motivación para buscar la técnica psicoespiritual que más nos convenga de las que existen actualmente, para poner distancia respecto a las ilusiones del ego. Así lograremos salir de lo que en el Budismo se llama « ignorancia », es decir el hecho de desconocer la verdadera naturaleza de la realidad. A mediano plazo, la práctica, la experimentación propia son, desde luego, lo que más nos motivará y nos convencerá, mucho más que la teoría, por muy bella que sea.

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