El camino espiritual más acá de la «iluminación»

Existe o puede existir una confusión respecto al « camino espiritual », cuando, inspirándonos en los ejemplos de los grandes iluminados (que, según parece, son muy escasos en el mundo, como lo dice el propio Nisargadatta) pretendemos deshacernos del ego.

Últimamente se han puesto de moda frases como «no tienes nada que hacer, ya eres lo que buscas». Esto, por más verdad que sea, se convierte en un mero concepto mental que puede hacer sentir impotente a todo aquel que esté en un camino espiritual.

Si esta frase significa que esta constatación les es sumamente fácil vivirla (y no pensarla solamente) a un puñado muy exiguo de seres humanos iluminados, resulta inútil para casi cualquier buscador o buscadora espiritual, a menos que la consideremos como una incitación a renunciar a la búsqueda de la iluminación.

Si se trata de algo que sólo ocurre muy excepcionalmente, ¿debemos por ello renunciar a todo camino espiritual? ¿Y de qué se trataría éste?

Si la frase «no tienes nada que hacer, ya eres lo que buscas» significa que dentro nuestro mora nuestra Naturaleza real, no veo otra manera de contactarla que desarrollando la consciencia testigo. Se trata de todo lo contrario de « no hacer nada »: la verdad es que debemos esforzarnos para vivir realmente en carne propia, y no sólo conceptualmente, la realidad de que «ya somos lo que buscamos».

De manera más llana, más cotidiana, y más al alcance de cualquiera, se trataría más bien de convivir con dos niveles. Uno es el del individuo, el del ego, a saber el conjunto mente-cuerpo que vive, trabaja, come, defeca, se enamora, tiene emociones, nace, se desarrolla y muere.

El ego vive en el mundo de la dualidad: lo que está bien y lo que está mal, el juicio, las heridas, los condicionamientos, las creencias, el amor condicional o imperfecto. El Ser, en cambio, es lo Absoluto que anida dentro de cada uno de nosotros, llamado también de muchas otras maneras: «partícula divina», «esencia», «naturaleza verdadera», «presencia», «bondad intrínseca», etc. El Ser es Amor incondicional, Unidad, Eternidad.

Entiendo que el buscador o buscadora espiritual es quien tiene un presentimiento de la presencia en sí mismo(a) del Ser y que no se conforma con vivir únicamente en el nivel del Ego.

A este nivel pertenece prácticamente todo lo que hacemos, lo que pensamos y lo que sentimos.

Yo no creo que en nombre de la espiritualidad no valga la pena tratar de mejorar, o de sanar al ego, o, en todo caso de «amigarnos» con él. Cuando hablamos de aceptarse a sí mismo (lo cual implica además la aceptación de los otros egos, en su maravillosa diversidad), cuando hablamos de saber perdonarnos (porque la culpa es mala consejera), cuando hablamos de realizar prácticas psico-corporales, cuando hablamos de escuchar a nuestro niño interior y a nuestras necesidades -a veces contradictorias entre sí-, cuando hablamos de la importancia del autoconocimiento, estamos hablando, en el fondo, de amigarnos con el ego, de sanarlo y, sobre todo, de volverlo más flexible, más poroso.

¿Por qué tiene sentido todo esto?

Porque cuanto menos rígido y cuanto más poroso sea el ego, más fácil será que lo atraviese la luz del Ser. Es más: el ego es una herramienta para acceder al Ser.

Se trata, desde luego, de no identificarnos con sus ilusiones, se trata de observarlas con benevolencia. (ver mi artículo «Los callejones sin salida del ego»). La instancia por medio de la cual intentamos amigarnos con el ego es lo que se llama «consciencia». Es la instancia del «observador» o «testigo». -Gurdjeff, por ejemplo, habla del «recuerdo de sí».Todo ello, obviamente, implica un esfuerzo: el de desarrollar el músculo del testigo, deteniéndose para observar los mecanismos del ego, que siempre son creadores de sufrimiento. Eso sí: a mi entender, las emociones que lo acompañan no han de ser juzgadas ni rechazadas (por ser «malas » o «negativas») pues se reforzarían, sino abrazadas y exploradas para que se disuelvan como el llanto de un niño cuando escuchamos su pesar. Esto es lo que propone la Psicología Contemplativa (y desde luego también otros enfoques contemporáneos). Y resulta claro que no es «no hacer nada».

También suele decirse, en ciertos medios espirituales, que si pretendemos modificar las circunstancias exteriores cuando nos son desfavorables, dejamos de ser espirituales por estar en el plano del ego, ya que el Ser es inalterable y no se ve afectado por factores externos por muy malos que sean…Salvo que esto sólo puede experimentarlo una persona que alcanzó la iluminación y no simples mortales en búsqueda espiritual.

Aterrizando, la verdad es que, si logro mejorar circunstancias de mi vida que no me satisfacen y me quitan energía, podré ocuparme de mi autoconocimiento, podré relajarme, podré meditar, podré desarrollar la consciencia testigo…Y entonces, ese cambio, bienvenido para el individuo o para el ego que soy, lo será también para el Ser que soy

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